Esperar en Dios

l Señor […] es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (v. 9). 2a Pedro 3:8-15

11379343_1420817144909979_384150987_nMientras iba en un autobús del aeropuerto, unos pasajeros le dijeron al conductor que se detuviera. Parecía que no llegaríamos a tiempo para el otro vuelo, y esto sacó de quicio a uno de los pasajeros. Explotó contra el chofer, insistiendo en que ignorara la orden o lo demandaría. Justo en ese momento, un empleado llegó a toda velocidad, con un maletín. Miró al hombre enojado y, con actitud triunfante, se lo mostró. Tras recuperar el aliento, dijo: «Olvidó su maletín. Escuché que tenía una reunión muy importante, y supuse que lo iba a necesitar».

A veces, me impaciento con Dios; en especial, respecto a su retorno. Me pregunto: ¿Qué está esperando? Las tragedias que nos rodean, el sufrimiento de seres queridos e, incluso, las tensiones de la vida diaria parecen mayores que las soluciones que se vislumbran en el horizonte.

Entonces, alguien relata su historia de cómo conoció a Jesús, o yo mismo descubro que Dios sigue obrando en medio de los desastres. Eso me recuerda lo que aprendí aquel día en el autobús. Dios conoce historias y detalles que yo ignoro, y me trae a la mente que hay otras personas aparte de mí y que debo confiar en Él. Todo se trata del plan de Dios para dar tiempo a que otros conozcan a su Hijo (2 Pedro 3:9).

 

Señor, ayúdame a ser paciente, como lo eres tú.
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