Por Rick Warren

“Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria y en la gloria del Padre y de los santos ángeles.” Lucas 9:26 (NVI)

images11_95.jpgUn día, estarás dando cuenta de tu vida ante Dios. Cuando tienes eso en mente y lo has pensado por un largo tiempo, va a cambiar lo que dices, lo que haces y a quién intentas impresionar. Es el antídoto a dar-gusto-a-la-gente.

Cuando tienes esa perspectiva por mucho tiempo, te das cuenta de que vas a dar cuenta de cada palabra que digas, y te preguntarás: “¿Quiero la desaprobación de Dios sobre lo que acabo de decir o hacer o quiero que esta persona desapruebe lo que acabo de decir o hacer?”

Yo sé esto, porque he sido entrevistado en muchos programas de televisión. En esas transmisiones, me han hecho las preguntas más difíciles posibles. Quieren ponerme en el ojo del huracán, debido a que creo ciertas cosas, hacerme parecer un fanático o un tonto. Intencionalmente intentan hacer que me retracte de lo que la Biblia dice.

Cuando estoy en esas entrevistas, mi naturaleza humana quiere ser aprobado, igual que te sucede a ti. Mi naturaleza humana quiere comprometer, desviar, expulsar y dejar fuera la verdad. He escuchado personas a las que se les ha hecho esas preguntas en TV y han dicho: “Yo le dejo eso a Dios” o “Cada quién debe tomar su propia decisión”. Hay una palabra para eso: ¡Esquivar! Esas personas son políticamente correctas, excusas que agradan a la gente. Esas personas no están firmes en la verdad.

En esos momentos, cuando puedo decir algo que podría ser políticamente correcto y que no ofendiera, pero sería una mentira, recuerdo estas verdades. Y en ese momento de presión. Hago tres cosas.

Primero, recuerdo lo que Jesús hizo por mí en la cruz. Él no me negó. Él no renunció. Él murió por mis pecados. Le debo mi vida. Él me creó. Él me salvo. Él me perdonó. Me va a llevar al cielo. No voy a negarlo.

Segundo, recuerdo que un día voy a dar cuenta ante Dios. Y en ese punto Dios va a decir, “¿Qué dijiste en esa entrevista? ¿Qué dijiste en esa conversación en el trabajo? ¿Qué le dijiste a tu amigo en la escuela?” Recuerdo que la integridad es más importante que la popularidad. Y no voy a dejar mi integridad.

Finalmente, digo la verdad, dejo caer las fichas. Tu puedes hacer eso también mientras caminas en fe con Jesús.

Reflexiona sobre esto:

  • ¿Qué clase de palabras usas a menudo y sabes que no le agradan a Dios?
  • ¿Cómo puedes cambiar una situación para agradar y honrar a Dios con tus palabras?
  • ¿Quién en tu vida necesita que le compartas el evangelio con denuedo?
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